Domingo Faustino Sarmiento: vida y obra

En esta redacción, nos referiremos a Domingo Faustino Sarmiento, personaje histórico que nació en San Juan, Provincias Unidas del Río de la Plata, el día 15 de febrero de 1811 y murió en la ciudad de Asunción, Paraguay, el día 11 de septiembre de 1888. Se trató de un escritor, periodista, político, militar, docente,  y estadista argentino.

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Vida y Obra

Entre sus logros estuvo llegar a ser el gobernador de la provincia de San Juan, entre los años 1862 y 1864, posteriormente accedió al puesto de presidente de la nación Argentina, entre los años  1868 y 1874, luego fue senador nacional por su provincia entre 1874 y 1879 y finalmente fue ministro del Interior en 1879, por lo que puede observarse que tuvo una dilatada carrera en el ámbito de la política.

Se le califica como uno de los grandes hombres de la prosa castellana, habiendo sido muy exaltado, no sólo por la labor que desempeñó en el ámbito de la educación pública, sino también por el papel que tuvo en el desarrollo del progreso científico y cultural de su país.

Biografía

Luego de que hubiere sido proclamada la independencia en el Congreso de Tucumán, en el año de 1816, las Provincias Unidas del Río de la Plata, que es la actual Argentina, vivían por aquellos años una etapa de violentos conflictos y enfrentamientos entre unitarios y federales, que se prolongaría durante décadas. Los unitarios eran partidarios del establecimiento de un gobierno centralizado en Buenos Aires, pero la opción federalista, que pretendía constituir un estado federal que dotase de máxima autonomía a cada territorio, tenía mucha fuerza en las zonas rurales y era apoyada por los poderosos caudillos de las distintas provincias.

Nacimiento, familia y educación

Domingo Faustino Sarmiento fecha de nacimiento fue el 15 de febrero de 1811 en una vivienda ubicada en el barrio Carrascal, que para aquellas fechas era uno de los más humildes de la ciudad de San Juan, que era por entonces la capital de la actual provincia homónima, y era hijo de José Clemente Cecilio Quiroga Sarmiento y Paula Zoila Albarracín Irrazábal.

Fue bautizado con el nombre de Faustino Valentín Quiroga Sarmiento. De acuerdo a algunos investigadores, el nombre de Domingo se le impuso con posterioridad, ya que no aparece en su partida de nacimiento.​ También hay pruebas testimoniales de que ni sus familiares ni sus amigos lo llamaban “Valentín”, nombre que le fue dado por haber nacido un día después del onomástico de ese santo, y el nombre de «Faustino» se le impuso porque es el santo que se festeja el día exacto de su nacimiento​

La primera educación

Los primeros educadores de Domingo fueron su padre y su tío, José Manuel Quiroga Sarmiento, los cuales empezaron  por enseñarle la lectura a la edad de cuatro años. En el año de 1816 comenzó sus estudios formales en una de las que eran llamadas «Escuelas de la Patria», que fueron fundadas por los gobiernos de la Revolución. En ese lugar tuvo como educadores a los hermanos Ignacio y José Rodríguez, quienes eran maestros de profesión.

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Cuando terminó estos estudios en 1821, su madre le aconsejó que siguiera cursando su educación en el seminario ubicado en Córdoba, pero Sarmiento se negó, procediendo a solicitar una beca para su ingreso en el Colegio de Ciencias Morales, ubicado en Buenos Aires, teniendo la suerte de que no le fuera concedida.

En aquellos tiempos, las becas se concedían por sorteo o por contactos, sucediendo que Domingo Faustino Sarmiento no fue sorteado y al no poseer el dinero suficiente, ni tener familiares ni amigos influyentes, ocurrió que no pudo continuar con sus estudios, debiendo quedarse en San Juan. A partir de ese momento, Sarmiento se convirtió en autodidacta. Un amigo suyo ingeniero lo ayudó con el aprendizaje de las matemáticas, su tío José de Oro lo ayudó a aprender latín y teología. El idioma francés lo estudió por su cuenta, en sus ratos libres.​ En 1823 obtuvo un empleo como asistente de Víctor Barreau en la Oficina de Topografía de San Juan.

Su primer conctato con la actividad educativa

En el año de 1825, su tío Fray José de Oro fue sancionado con el destierro hacia San Francisco del Monte, que para entonces era provincia de San Luis, y Domingo se fue con él en ese viaje; actualmente esa localidad recibe el nombre de San Francisco del Monte de Oro, precisamente por haber querido hacer un homenaje al rebelde fraile y maestro. Mientras se encontraban allí fundaron una escuela, lo que constituyó el primer contacto de Sarmiento con la actividad de la educación.

Poco después, regresó a su lugar de nacimiento, San Juan, y empezó a trabajar en la tienda de su tía. De esa época Domingo Faustino SarmientoDomingo Faustino Sarmiento recuerda lo siguiente:

«La Historia de Grecia la estudié de memoria, y la de Roma enseguida y esto mientras vendía yerba y azúcar, y ponía mala cara a los que me venían a sacar de aquel mundo que yo había descubierto para vivir en él. Por las mañanas, después de barrida la tienda, yo estaba leyendo, y una señora pasaba para la Iglesia y volvía de ella, y sus ojos tropezaban siempre, día a día, mes a mes, con este niño inmóvil insensible a toda perturbación, sus ojos fijos sobre un libro, por lo que, meneando la cabeza, decía en su casa: ‘¡Este mocito no debe ser bueno! ¡Si fueran buenos los libros no los leería con tanto ahínco!’»

En el año de 1827, ocurrió un hecho que marcó su vida para siempre y fue la invasión a San Juan por parte de los montoneros de Facundo Quiroga.

Campaña contra Quiroga

Por esa razón, decidió oponerse a Quiroga, haciéndose miembro del ejército unitario del General Paz, llegando a obtener el grado de teniente, participó en varias batallas. Pero para aquel momento Facundo parecía imparable porque logró tomar San Juan, entonces Sarmiento tomó la decisión en 1831, de exiliarse hacia Chile.

Estando en Chile, obtuvo un empleo como maestro en una escuela de la localidad de Los Andes. Sus ideas innovadoras en materia educativa provocaron la preocupación del gobernador. Molesto por las incomodidades vividas, se mudó a Pocura y fundó su propia escuela. Allí se enamoró de una alumna.

Exilios

Durante el año de 1827 Domingo Faustino Sarmiento pasó a formar parte del ejército federal, como recluta. De acuerdo a sus propios relatos, Sarmiento, siendo un alférez de milicia debía ejecutar actividades que lo incomodaban. En este sentido introdujo una reclamación y obtuvo una citación por parte del gobernador Manuel Quiroga.

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En el curso de esa reunión Domingo Faustino Sarmiento solicitó ser tratado con equidad, pero esta solicitud fue calificada como un desacato de su parte y fue castigado siendo enviado a prisión. Debido a este suceso, y a otros enfrentamientos personales con personas que formaban parte del Partido Federal, se resolvió por integrarse en la causa que perseguía la unidad de la nación y se unió al ejército que estuvo al mando de José María Paz.

Primer exilio

Por causa de la victoria federal en su provincia, en 1831 se vio obligado a tener que emigrar a Chile, donde pudo efectuar distintas actividades para poder subsistir. En ese lapso obtuvo empleo como profesor en una escuela de la provincia de Los Andes, en la cual ocurrió que mantuvo una relación amorosa con su alumna María Jesús del Canto, con quien nunca se casó, pero de la que tuvo a su única hija Ana Faustina Sarmiento, quien más adelante sería la madre de Augusto Belín y Eugenia Belín.

Ya en 1836, lapso en el que se empleaba como minero, contrajo fiebre tifoidea y, por pedido de sus familiares, el que para entonces fue gobernador de San Juan, Nazario Benavídez, le dio autorización para que volviera a la Argentina.

Al regreso a su ciudad natal, se integró como miembro activo de la Sociedad Dramática Filarmónica, y posteriormente fundó la Sociedad Literaria, en 1838, como una filial de la Asociación de Mayo; al comenzar a participar en múltiples actividades artísticas, logro tener contacto con miembros de la Generación de 1837 y volvió a retomar la actividad política.

En la clandestinidad, la sede del grupo artístico de cual formaba parte fue usada como centro de reunión de aquellos que se oponían a Juan Manuel de Rosas, quien para ese momento ejercía el cargo de gobernador de Buenos Aires y era el funcionario que se encargaba de los asuntos de las Relaciones Exteriores de Argentina.

En  el año 1839, fundó el Colegio de Pensionistas de Santa Rosa, que fue un instituto secundario para señoritas, y fundó también el periódico El Zonda, que se convirtió en su tribuna para poder dirigir duras críticas a la gestión del gobierno. Pero al gobierno de San Juan no le cayeron nada bien las críticas de Sarmiento y decidió, como una manera de censura, obligar al diario a pagar un impuesto exagerado que nadie podía pagar y que provocó el cierre de la publicación en 1840. Por razón de sus continuas críticas al gobierno federal, fue detenido el 18 de noviembre de 1840 y forzado de nuevo al exilio en Chile.

Durante la etapa de existencia de El Zonda, pudo escribir lo siguiente:

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«¿Que es pues un periódico? Una mezquina hoja de papel, llena de retazos, obra sin capítulos, sin prólogo, atestada de bagatelas del momento. Se vende una casa. Se compra un criado. Se ha perdido un perro, y otras mil frioleras, que al día siguiente a nadie interesan. ¿Qué es un periódico? Examinadlo mejor. ¿Qué más contiene? Noticias de países desconocidos, lejanos, cuyos sucesos no pueden interesarnos. Trozos de literatura, retazos de novelas. Decretos de gobierno. Un periódico es el hombre. El ciudadano, la civilización, el cielo, la tierra, lo pasado, lo presente, los crímenes, las grandes acciones, la buena o la mala administración, las necesidades del individuo, la misión del gobierno, la historia contemporánea, la historia de todos los tiempos, el siglo presente, la humanidad en general, la medida de la civilización de un pueblo.» D. F. Sarmiento, El Zonda Nº 4.

Segundo exilio

Al volver a Chile, comenzó a tener éxito como periodista y como consejero educativo de los sucesivos gobiernos. En esta nueva estancia en Chile se consagró de lleno a la actividad cultural. Se convirtió en escritor para los periódicos El Mercurio, En Nacional y El Heraldo Nacional; llegando a fundar el periódico El Progreso. En 1842 fue nombrado por quien era para aquel momento Ministro de Instrucción Pública, Manuel Montt Torres, para que dirigiera la Escuela Normal de Preceptores, que se constituyó en el primer centro de enseñanza de Latinoamérica especializado en titular a personas para convertirse en maestros.

También fue un gran impulsor del movimiento del romanticismo, llegando a mantener encendidas polémicas, incluso con Andrés Bello. Su trabajo como pedagogo fue reconocido por la Universidad de Chile, quien lo nombró miembro fundador de la Facultad de Filosofía y Humanidades; y en el año de 1845, el presidente Manuel Montt Torres le asignó la función de  analizar y estudiar los sistemas educativos de Europa y Estados Unidos.

Encargos del gobierno chileno

Entre los años 1845 y 1847, cumpliendo el encargo del gobierno chileno, visitó Uruguay, Brasil, Francia, España, Argelia, Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, EEUU, Canadá y Cuba. En cada uno de estos países, se interesó y tomó sus propias impresiones sobre el sistema educativo, los niveles de la enseñanza y las comunicaciones. Todas estas impresiones y evaluaciones las volcó en su libro Viajes por Europa, África y América. A finales de 1845, pudo conocer en Montevideo a Esteban Echeverría, uno de los fundadores de la generación del 37 y que, como él, era opositor a Rosas y exiliado.

En el período que estuvo en Francia para realizar la tarea encomendada, tuvo la oportunidad de reunirse con José de San Martín, quien en aquel momento vivía exiliado por propia voluntad en su residencia de Grand Bourg.

Una vez que culminó su periplo por el mundo, en 1848 contrajo matrimonio en Santiago de Chile con Benita Agustina Martínez Pastoriza, quien fuera viuda de su amigo Domingo Castro y Calvo, y procedió a adoptar al hijo de estos, Domingo Fidel (Dominguito), fijando su residencia en el barrio Yungay, en la ciudad de Santiago.

En el lapso del año siguiente se dedicó de lleno a la escritura, y producto de ello son las publicaciones Viajes por Europa, África y América, en el cual hizo una descripción sobre lo que pudo observar de primera mano en sus viajes, y Educación Popular, en el cual se dedicó a dejar constancia de la mayor parte de su pensamiento educativo, y su proyecto de educación pública, gratuita y laica.

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Esta actividad literaria efectuada en Chile, la compaginó con su actividad periodística contra Rosas, lo que dio motivó para que el gobernador de Buenos Aires solicitara dos veces la extradición de Sarmiento a las autoridades de Santiago, para juzgarlo por calumnias, cosa a la que el gobierno chileno se negó.

Al año siguiente se separó de su esposa; y en el año 1851 regresó a la Argentina, donde aprovechó la oportunidad de unirse al Ejército Grande del general Justo José de Urquiza.

«Dominguito»

En el transcurrir de la larga vida de Domingo Faustino Sarmiento, se pudo observar la preponderancia que adquirió el joven Domingo Fidel Sarmiento, quien fuera conocido popularmente con el nombre de «Dominguito». Fue hijo de Domingo Castro y Calvo y Benita Martínez Pastoriza, nació en Chile en el año 1845 y su nombre original era Domingo Fidel Castro. A una edad muy temprana murió su padre, y tiempo después su madre contrajo matrimonio con Domingo Faustino Sarmiento, a la sazón también viudo, quien lo adoptó en el año 1848.

A los cuatro años de edad aprendió a leer; en su país natal, Chile, siguió los cursos de estudios primarios y terminó el bachillerato en Argentina. Pero cuando estalló la Guerra de la Triple Alianza, Dominguito decidió alistarse en el ejército argentino, a pesar de la gran oposición de su madre al respecto. Participó  en la guerra con el grado de capitán del Ejército Argentino.

En septiembre del año 1866, cuando transcurría la batalla de Curupayty, Dominguito fue herido de muerte; para ese momento contaba con veintiún años de edad. Sarmiento para ese momento ocupaba el cargo de ministro plenipotenciario de la Argentina en Estados Unidos, donde se encontraba al recibir la noticia de la muerte de su hijo adoptivo por medio de unos enviados especiales de Bartolomé Mitre. Esa noticia lo sumergió en una profunda depresión.

Al poco tiempo, Domingo Faustino Sarmiento renunció al cargo diplomático y tomó el camino de regreso a Buenos Aires. Encontrándose en la capital argentina, se dirigió al cementerio en el cual estaba la tumba de Dominguito, y muy desolado estuvo en ese lugar un rato muy largo. Transcurridos varios años, escribió la biografía de su hijo: “Vida de Dominguito”.

Carrera política

En el año de 1851, Domingo Faustino Sarmiento ingresó como gacetillero en el ejército de Justo José de Urquiza hasta la batalla de Caseros. Luego de la caída del gobernante Juan Manuel de Rosas, fijó su residencia en Buenos Aires, pero se enzarzó en una polémica con Justo José de Urquiza y se vio nuevamente obligado a exiliarse en Chile.

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Durante este período entró en discusiones y polémicas con Juan Bautista Alberdi, con relación a la política del país. Esta polémica era ideológica y tenía como centro de atención al liberalismo, corriente de pensamiento al que ambos estaban suscritos.

Estos dos pensadores eran adeptos al constitucionalismo, a la doctrina del contractualismo de Rousseau, a la democracia, al sistema de gobierno republicano, a la inmigración, a la necesidad de la educación y al progreso. Pero sus discusiones fueron más políticas que ideológicas. El partidario de san juan expuso sus opiniones en las Ciento y Una, mientras que el tucumano las expresó en las Cartas Quillotanas.

Precursor constitucional

Al margen de sus deferencias políticas, los dos fueron los padres y precursores de la Constitución Argentina que estuvo vigente entre los años 1853 y 1860, la cual dio forma al poder constituyente originario del estado argentino y permitió el inicio de la época constitucional de la historia contemporánea de Argentina.

Mientras estuvo en Chile se convirtió en miembro de la logia masónica Unión Fraternal de Valparaíso, que fue fundada el 27 de julio de 1853.

En el año 1855 logró regresar a Argentina y se convirtió en redactor del diario El Nacional y ejerció funciones como miembro consultivo de la provincia de Buenos Aires. Durante el año siguiente logró ser elegido concejal municipal de la ciudad de Buenos Aires.​

Primer cargo político

Durante las elecciones de 1857 y 1860 logró ser electo senador y, durante ese mismo tiempo ejerció las funciones de jefe del Departamento de Escuelas. En el año 1860 logró ser miembro de la Convención Constituyente y cuando Bartolomé Mitre asumió la gobernación de Buenos Aires fue nombrado Ministro de Gobierno.

Después de que se librara la batalla de Pavón, acompañó al general Wenceslao Paunero en su campaña hacia Cuyo. En ese lugar fue designado gobernador de San Juan, transcurría para ese momento el año 1862 y dio su apoyo a la persecución de los federales locales, durante dos campañas que culminaron con el asesinato del caudillo riojano Chacho Peñaloza.

En abril de ese mismo año renunció a la gobernación y el gobierno lo envió en misión diplomática a Chile, Perú y Estados Unidos. Estando de paso por Perú, donde se hallaba reunido el Congreso Americano, Sarmiento condenó el ataque español contra ese país, en contra de las advertencias de Mitre para que no lo hiciera.

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Al llegar  a Nueva York en mayo de 1865, acababa de asumir la presidencia Andrew Johnson en reemplazo de Abraham Lincoln, asesinado por un fanático racista. Sarmiento conocía a Johnson de su visita anterior, y quedó tan impresionado por lo que vió, que escribió Vida de Lincoln. Además, frecuentó los círculos académicos norteamericanos y fue distinguido con los doctorados «Honoris Causa» de las Universidades de Michigan y Brown.

El tiempo que pasó cumpliendo la misión diplomática encomendada, lo aprovechó para escribir varios libros cuyos temas fueron la política y educación. Encontrándose en el exterior rechazó los cargos de senador nacional por la provincia San Juan y de Ministro del Interior del gobierno del presidente Mitre.​

Gobernador de la provincia de San Juan

Domingo Faustino Sarmiento llegó a San Juan como enviado nacional por encargo del  presidente Bartolomé Mitre y asumió el poder como Gobernador en el año 1862. Allí se encontró con una provincia empobrecida y dividida, por esa razón trató de poner orden en las finanzas y de dar impulso a un modelo político y económico basado en la civilización y el progreso, logrando que en tan solo dos años cambiara totalmente la fisonomía de su provincia con numerosas obras públicas de toda clase.

En asuntos de educación y cultura creó una legislación que estatuía la educación pública, gratuita y obligatoria, logrando inaugurar nuevas escuelas primarias, colegios Preparatorios, la Quinta Normal, que en la actualidad es la Escuela de Enología, y Escuela de Minas que hoy es la  Escuela Industrial, las cuales están ubicadas en la ciudad de San Juan y comienza a editar de nuevo El Zonda.

En materia de obras públicas, incorporó el alumbrado y el empedrado público, logró la apertura y ensanchamiento de calles, forestación, y la realización del plano topográfico de la provincia de San Juan. Desde la perspectiva de la economía, dio su impulso a la explotación minera, a través de la diputación de Minas, y la Compañía de Minas, creo leyes impositivas, relacionadas con las patentes y los sellos de justicia y en lo social, logró un proyecto de colonización y desarrollo agrícola con los inmigrantes.

En el año de 1863, se produjo en la zona de la provincia de San Juan, el levantamiento del Chacho Peñaloza y Sarmiento como gobernador decretó el estado de sitio y siendo coronel, como lo era por derecho propio, asumió personalmente la campaña militar contra el caudillo riojano hasta que lo derrotó. Respecto a estas acciones, el ministro del interior de Mitre, Guillermo Rawson, criticó la actitud de Sarmiento al declarar el estado de sitio, por considerar que era una decisión exclusiva del poder ejecutivo nacional, por supuesto estas declaraciones dejaron un mal sabor de boca a Sarmiento, sientiéndo que no tenía el apoyo de sus compañeros de ideología.

Su renuncia a la gobernación

Pero, la lucha que debió enfrentar, y la muerte del caudillo Chacho Peñaloza y la oposición interna que debió afrontar, hicieron que no pudiera obtener el logro total de sus proyectos y debido a la falta de apoyo de los habitantes de la provincia, renunció a la gobernación en el año 1864.

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Su vida política estuvo salpimentada por su obra literaria, desde que que escribió en 1845: «¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Facundo no ha muerto ¡Vive aún! ; está vivo en las tradiciones populares, en la política y las revoluciones argentinas; en Rosas, su heredero, su complemento. Facundo, provinciano, bárbaro, valiente, audaz, fue reemplazado por Rosas, hijo de la culta Buenos Aires, sin serlo él, tirano sin rival hoy en la tierra».

Estos párrafos del Facundo de Sarmiento, nos muestran su estilo y su pensamiento sobre la realidad de si país. Facundo, a quien odia y admira a la vez, se convierte en la excusa para hablar del gaucho, del caudillo, del desierto interminable, en general, de la Argentina de aquel momento, de todos los aspectos que representan para él el atraso y con los que había que acabar por las buenas o las malas, según su decir.

Presidencia de la Nación Argentina

Domingo Faustino Sarmiento fue presentado como candidato a la presidencia de la Argentina por un grupo de políticos del país, a instancias del coronel Lucio V. Mansilla.​ El caso es que mientras se encontraba de viaje en los Estados Unidos, fue electo para el cargo de presidente en las elecciones nacionales del mes de abril de 1868, y asumió el cargo el 12 de octubre de 1868.

La presidencia de Sarmiento fue la segunda de las presidencias que se pueden considerar históricas de la Argentina. Estas presidencias históricas o fundacionales del estado argentino moderno persiguieron tres objetivos o finalidades claras y concretas: “nación, constitución y libertad”.

En este caso la nación era entendida como una unión definitiva de las provincias argentinas considerándola como una entidad superior a las partes que la componen. La Constitución fue considerada como creación de las bases de los derechos y obligaciones de las personas y del poder. La libertad era concebida como un principio del liberalismo, lo que según esta corriente política, dio paso a la “civilización” y relegó al pasado a la “barbarie”.

Sarmiento era de la opinión de que el gran problema de la Argentina era el atraso que él resumia en la frase «civilización y barbarie». Como muchos pensadores de la época, opinaba que la civilización se identificaba con la ciudad, con lo urbano, lo que estaba en contacto con lo europeo, es decir, lo que para ellos era el progreso. La barbarie, de otra parte, era el campo, lo rural, el atraso, el indio y el gaucho. Esta contradicción, según Sarmiento, sólo podía tener solución si se lograba el triunfo de la «civilización» sobre la «barbarie».

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Decía Sarmiento lo siguiente: «Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes por quienes sentimos sin poderlo remediar, una invencible repugnancia». En una carta le aconsejaba a Mitre: «no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes». Es muy lamentable que el progreso no llegara para todos y que muchos que fueron calificados de «salvajes y bárbaros» pagaran con su vida o su libertad el «delito» de haber nacido indios o de ser gauchos y no tener un trabajo fijo.

Dos días después de que hubiera asumido el cargo de presidente, el Congreso se reunió para una breve sesión extraordinaria, durante la cual se tomaron importantes decisiones en materia económica, debido a que se  aprobó el presupuesto para el año siguiente,  así como un crédito de cuatro millones de pesos y un incremento de los derechos aduaneros, ello con la finalidad de poder sostener la continuación de la Guerra del Paraguay.​

Educación y cultura

Es un hecho de aceptación general que Domingo Faustino Sarmiento dirigió la mayor parte de sus esfuerzos del gobierno en la promoción de la educación, pero varios historiadores indican que, al menos, igual importancia concedió al desarrollo de la extensión de las comunicaciones en el país.

Cualquiera haya sido el caso, el impulso dado a la educación bajo la estancia en el ministerio de Nicolás Avellaneda fue muy importante. Mediante la Ley de Subvenciones de 1871, en la que se asignó a la educación pública las herencias sin sucesión directa y un octavo de las ventas de tierras públicas, se garantizaron los fondos necesarios para la creación de nuevas escuelas, así como la adquisición de materiales y libros.

En el transcurso de su mandato, y con apoyo nacional, en las provincias se fundaron unas 800 escuelas de primeras letras, alcanzando a un total de 1816 escuelas, de las que el 27 % eran privadas; la población escolarizada se elevó de 30.000 a 110.000 alumnos.​

Con el objetivo de garantizar la educación primaria, hizo venir desde los Estados Unidos maestras de primaria;​ estableció las primeras escuelas normalistas, teniendo como ejemplo la Escuela Normal de Paraná, que fue fundada en 1870. Además otorgó una​ subvención la primera escuela para sordomudos, que de carácter privado.

Dio continuidad a la política de su antecesor, fundando los Colegios Nacionales de La Rioja, Santa Fe, San Luis, Jujuy, Santiago del Estero, Corrientes y Rosario. También creó escuelas de arboricultura y agronomía en San Juan, en Mendoza, y más tarde en San Miguel de Tucumán y Salta.

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En ese mismo año apoyó el nacimiento y desenvolvimiento de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), que hasta nuestros días fomenta el fortalecimiento de las bibliotecas populares como entidades organizadas que pertenecen a la sociedad civil y promueven su valoración pública como espacios físicos y sociales de importante para el desarrollo comunitario y la construcción de ciudadanía. En la capital fundó la Biblioteca Nacional de Maestros.

La visión de la exposición de artes y productos

Dado su carácter artístico y literario, una de sus primeras decisiones fue efectuar una Exposición de Artes y Productos Nacionales, que pudo por fin ser efectuada en el año 1871, en la ciudad de Córdoba. Sus conciudadanos calificaban ese proyecto como una excentricidad, pero finalmente fue un gran éxito. En esa exposición se logró que se promovieran los tejidos, curtiembres, fundiciones, tintorerías, y productos agropecuarios; todos traídos desde las distintas regiones del país.

En el transcurso de su visita a la exposición Domingo Faustino Sarmiento lució un traje de vicuña, que fue  elaborado con telas nacionales y recibió también como reconocimiento una medalla por haber traído el mimbre en el país. Igualmente se hizo bastante promoción a la maquinaria agrícola e industrial con muchísimas factibilidades para ser importada.

Inicio del desarrollo de las ciencias

Esa actividad dio inicio a la preocupación por el desarrollo de las ciencias básicas, y de debido a ese impulso nacieron la Academia de Ciencias de Córdoba, que estaba bajo la dirección del botánico alemán Germán Burmeister, y el Observatorio Nacional de Córdoba, que estuvo dirigido por el astrónomo norteamericano Benjamín Gould.

Dentro del claustro de la Universidad Nacional de Córdoba se dio nacimiento a la Facultad de Ciencias Exactas, Física y Naturales, que incluyó en su oferta académica la carrera de ingeniería. Además, debido a su iniciativa, nacieron en la región de Cuyo las cátedras de mineralogía en los Colegios Nacionales de Catamarca y de San Juan, que se convertirían posteriormente en 1876 en lo que fue la Escuela de Ingenieros de San Juan.

Final de la Guerra del Paraguay

Durante la presidencia de Bartolomé Mitre en la Argentina, se inició la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, comandada por el propio presidente, que había dirigido a las fuerzas aliadas contra ese país hasta poco antes de dejar la presidencia.

Escasamente había asumido Sarmiento la presidencia del país, cuando tuvo lugar el avance final de las tropas de Brasil hacia la ciudad de Asunción en el Paraguay, que fue totalmente saqueada por los brasileños. A pesar de la ocupación, López pudo organizar un nuevo ejército desde la distancia. En respuesta a esta arremetida de López, se creó un gobierno provisional en la Asunción, bajo el patrocinio de Argentina y Brasil.​

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Se instauró un ejército compuesto y dirigido principalmente por brasileños, en el cual los argentinos tuvieron al inicio algo de participación, salió en la persecución de López, en lo que se llamó la Campaña de las Cordilleras; luego de dos sangrientas victorias sobre los paraguayos,​ López logró escapar hacia los límites del norte del país, hasta donde los persiguieron dos divisiones brasileñas, que finalmente lograron derrotarlo y darle muerte en el Combate de Cerro Corá, el 1 de marzo de 1870. Finalmente la guerra llegó a su término.​

Pero el Paraguay había quedado devastado: en función de la fuente que se consulte, se piensa que durante esa contienda murió entre el 50 y el 90% de la población total,​ y perdieron todos los territorios en disputa con sus vecinos, con excepción del Chaco Boreal.

Esa guerra también tuvo un gran costo para la Argentina: primeramente, el costo en vidas humanas, ya que fallecieron en esa contienda más de 18.000 hombres,​ a los que hay que añadir la cantidad de personas que murieron víctimas del cólera, que fueron muchos miles; 15.000 sólo en la provincia de Buenos Aires. Pero en términos de dinero, también tuvo un tremendo costo económico, ya que por causa de ese conflicto, la Argentina tuvo que endeudarse hasta llegar a deber la suma de 9.000.000 de libras esterlinas.

Fundación del Colegio Militar de Argentina

En el último año de la guerra fue fundado el Colegio Militar de la Nación, siendo su primer director fue el húngaro Juan F. Czetz.​ La probabilidad de tener conflictos con Brasil, luego de las discusiones y desencuentros políticos posteriores a la guerra llevaron a Sarmiento a modernizar la escuadra de guerra: por ello fundó la Escuela Naval e incorporó varios buques, logrando formar la primera escuadra argentina que era capaz de operar a un nivel comparable con las flotas de guerra del Brasil y Chile.

Los últimos caudillos federales en el litoral

En primer lugar, hay que mencionar la rebelión jordanista que dio origen a la Batalla de Ñaembé

Luego de que Felipe Varela fue derrotado, aún permanecían tres provincias argentinas en manos de caudillos federales: en Córdoba, la presión caudillista federal obligó a renunciar al gobernador Luque, y en Corrientes una revolución liberal depuso de su puesto al gobernador federal en mayo de 1868. Luego, una retrasada reacción federal fue derrotada por tropas del ejército nacional, que fueron transferidas desde el frente paraguayo, en la defensa de un gobierno que había surgido como consecuencia de un golpe de estado.

Finalmente sólo quedaba la provincia de Entre Ríos, en la que el caudillo Urquiza convivía pacíficamente con el gobierno nacional, contrariamente a lo que querían los federalistas: inclusive, a principios de 1870, había dado recibimiento en su mansión del Palacio San José al presidente, a cual ordenó brindar los honores correspondientes.

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Poco tiempo después de finalizada la Guerra del Paraguay, el 11 de abril de 1870, el general Ricardo López Jordán inició una revolución, de cuya trama resultó la muerte de Urquiza a manos del cordobés Simón Luengo. Posteriormente López Jordán fue elegido gobernador por la Legislatura.

El presidente Sarmiento tuvo que enviar a la provincia de Entre Ríos a un ejército formado por divisiones veteranas de la Guerra del Paraguay. Llegados a este punto, el gobernador emitió un edito que prohibía la entrada de tales tropas a su provincia, pero el presidente hiso burla de la posibilidad de que se pudiera prohibir la entrada de tropas nacionales en una provincia.

En el momento en que se produjo el desembarco de las tropas, López Jordán dio la orden de movilización general a la provincia. En este estado de cosas, Sarmiento declaró la guerra a la provincia de Entre Ríos, aunque el Congreso de la Nación no autorizó la intervención federal a la misma hasta el mes de agosto.​

Lo que sucedió es que cuatro ejércitos avanzaron forma simultánea sobre la provincia de Entre Ríos; las tropas nacionales, que eran muy superiores en armamento y disciplina, rápidamente ocuparon las ciudades, razón por la cual López Jordán tuvo que retirarse al interior de la provincia, donde los entrerrianos, que poseían mejores caballos, lograban sostener su plaza de forma ventajosa.​ Tratando de abrir un nuevo frente de batalla, López Jordán invadió la provincia de Corrientes, pero el 26 de enero de 1871 fue totalmente derrotado en la batalla de Ñaembé; poco después de lo cual huyó al Brasil.

El Partido Federal entrerriano fue destruido y proscrito, y los federales fueron destituidos de todos los puestos públicos, inclusive los curas y los maestros.​

Una nueva insurrección

Pero en el mes de mayo de 1873, López Jordán trató de nuevo de comandar una insurrección en su provincia, llegando a reunir la cantidad de 16 000 hombres, bien aprovisionado de artillería e infantería.​ Sarmiento tuvo que responder ofreciendo una recompensa por la cabeza de López Jordán, opción ésta que fue rechazada por el Congreso, teniendo que decretarse la intervención federal de la provincia de Entre Ríos.

En esta ocasión tres ejércitos ocuparon la provincia bajo la comandancia superior del Ministro de Guerra, Martín de Gainza. De nuevo ocurrieron combates en toda la provincia, y algunos oficiales partidarios de López Jordán fueron fusilados; y luego de una sangrienta derrota, en diciembre de ese mismo año, López Jordán tuvo que partir hacia el Uruguay.

En atentado

En fecha 22 de agosto de 1873, Domingo Faustino Sarmiento sufrió un intento de acabar con su vida, en instantes en que se dirigía hacia la casa de Vélez Sarsfield, en la ciudad de Buenos Aires; en el momento en que se desplazaba por lo que actualmente es la esquina de las calles Corrientes y Maipú, una explosión ocurrió mientras en coche en el que se desplazaba pasaba por allí.

El caso es que el sanjuanino no lo pudo escuchar por razón de que ya padecía una profunda sordera. Los autores del atentado fueron dos anarquistas italianos, los hermanos Francisco y Pedro Guerri, quienes al ser apresados, declararon haber sido contratados por hombres de López Jordán. La falla del atentado se debió a que a Francisco Guerri le explotó el trabuco en la mano. Sarmiento resultó ileso del atentado.

Población y sanidad

Desde el inicio de su gestión, Domingo Faustino Sarmiento se interesó por la población y las medidas de sanidad, siendo una de sus primeras medidas como presidente de Argentina la de organizar el primer censo nacional, que se concretó en 1869.

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Los argentinos por entonces superaban el millón ochocientos mil habitantes, de ellos, el 31% habitaba en la provincia de Buenos Aires y el 71% era analfabeto. Según los resultados del censo, el 5% de la población eran indígenas y el 8% europeos. El 75% de las familias vivía en la pobreza, en ranchos de barro y paja. Los profesionales sólo representaban el 1% de la población.

La población era escasa, estaba mal educada y, como la riqueza, estaba mal distribuida, Sarmiento quiso foemntar la llegada al país de inmigrantes ingleses y de la Europa del Norte, tratando de desalentar la llegada de inmigrantes de la Europa del Sur. Ello porque pensaba que la llegada de sajones fomentaría en el país el desarrollo industrial y la cultura.

En la realidad, los sajones preferían emigrar hacia los EE.UU. donde había puestos de trabajo en las industrias. La Argentina de aquellos tiempos era un país rural que sólo podía convocar, como era de suponer, a familias de campesinos sin tierras. Y, para tristeza de Sarmiento, la mayoría de los inmigrantes, muchos de nuestros abuelos, serán campesinos italianos, españoles, rusos y franceses.

Por haber puesto una especial atención en el tema de la inmigración, durante su mandato esta tuvo un aumento importante, con la llegada de 280.000 inmigrantes, que se ubicaron principalmente en la ciudad de Buenos Aires y, en una medida menor, en colonias agrícolas situadas en las provincias del Litoral del país.

Pero el rápido incremento de la población en la capital del país, trajo consigo problemas de vivienda e higiene a gran escala: en 1871, una epidemia de fiebre amarilla, que probablemente fue consecuencia de la guerra, provocó el fallecimiento en Buenos Aires de aproximadamente 14.000 personas.​ Los personeros del gobierno nacional en su totalidad tuvieron que huir de la ciudad, razón por la cual la lucha contra la peste tuvo que ser llevada a cabo por una comisión; la cual ordenó la creación del Cementerio de la Chacarita,​ y en los años que siguieron se fabricaron las primeras redes de aguas corrientes y de cloacas de la ciudad de Buenos Aires​

Transportes y comunicaciones

Entre las muchas obras ejecutadad durante el gobierno de Sarmiento, se debe mencionar que logró la organización de la contaduría nacional y la creación del Boletín Oficial, lo que permitió que la población general pudiera conocer las cuentas oficiales y los actos de gobierno. También creó el primer servicio de tranvías a caballo, y fueron diseñados los Jardines Zoológico y Botánico.

Como presidente de la Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, tuvo como uno de sus principales objetivos en materia de transporte, la construcción de un ferrocarril trasandino, con la intención de que pudieran unirse el océano Atlántico y el Pacífico. Por ello se concedieron medidas favorables para la construcción del ramal que comunica a Villa María con Río Cuarto; también se construyó el ramal que va desde Córdoba hasta Tucumán, y dos cortos ramales entre Concordia, ubicada en la provincia de Entre Ríos y la población de Mercedes, situada en la provincia de Corrientes, y entre Buenos Aires y Campana. Debido a esta preocupación del gobierno, la red ferroviaria pasó de 573 kilómetros en 1868 a 1.331 en 1874.

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En el lapso de vigencia de su mandato se tendieron unos 5000 km de líneas telegráficas, que fueron impulsadas por el presidente y su ministro Dalmacio Vélez Sarsfield; por ello, en su mensaje al Congreso de 1873 tuvo la posibilidad de afirmar que «la línea de telégrafos ha sido completada y recorre toda la República».

El 5 de agosto de 1874, en las casi terminando su período presidencial, inauguró la primera comunicación telegráfica con el continente europeo. Ordenó por decreto presidencial que el día de la inauguración del cable telegráfico, que calificó en sus propias palabras como un acto que convertía a todos los pueblos en «una familia sola y un barrio», fuese declarado feriado nacional. Esa ceremonia contó con la participación, entre otros, del ya ex-ministro Vélez Sarfield, a quien Sarmiento le atribuyó en su alocución «el honor exclusivo de la atrevida idea y de la rápida ejecución de la red de telégrafos, que contribuye a dar paz a la República y bienestar a sus hijos».

Durante su gobierno se construyeron algunos puertos, como los de Zárate y San Pedro (en Buenos Aires). Se hizo el proyecto de un puerto moderno en Buenos Aires, para lo cual el país se endeudó en 30 millones de pesos, para poder llevar a cabo dicha obra, pero lamentablemente, ese dinero fue malgastado en obras menores.​

En el año de 1873 se creó el Banco Nacional, que se dedicó a prestar dinero a bajo interés o a deudores insolventes. La deuda pública, aumentada por la deuda que ya se traía por razón de la Guerra del Paraguay, ascendió a niveles insostenibles, aunque la crisis económica que fue su consecuencia no aparecería hasta la gestión gubernamental de su sucesor en la presidencia.

Relaciones exteriores

En la primera parte de su gestión, el canciller Mariano Varela pretendió llevar adelante una política que puede calificarse de cándida, con respecto al futuro del Paraguay: acuñó la frase que se hizo muy conocida: «la victoria no da derechos» y era parte de un intento de limitar las ambiciones de Brasil. Por supuesto, Brasil aprovechó la oportunidad que le brindaba esa misma política para provocar que el gobierno paraguayo anunciara su protesta por la ocupación argentina de Villa Occidental, frente a la Asunción. En el momento en que se pudo comprobar que el embajador brasileño en Paraguay pudo forzar que ocurrieran cambios en el gobierno paraguayo, el presidente reemplazó a Varela por Carlos Tejedor.

En el año de 1872, el Brasil suscribió un tratado de límites geográficos con el Paraguay, por el que se adjudicó todo la región que estuvo en conflicto, y a, posteriormente, apoyó al Paraguay en su defensa contra las reclamaciones territoriales argentinas. Entonces el ministro Tejedor tuvo que iniciar una agresiva campaña para resolver los más pronto posible las diferencias limítrofes, que dieron origen a una escalada de enfrentamientos con el Brasil.​

Las relaciones con Chile se concentraron en una diatriba sobre los derechos de ambos países con relación a los territorios de la Patagonia. En el año 1874 se acordó que un arbitraje del rey de Inglaterra sería la vía de solución de los diferendos entre ambos países.​

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Momentos antes de que estaba finalizando su mandato, apoyó la candidatura del tucumano Nicolás Avellaned. En esa época vivía con su hermana, su hija y sus nietos en la calle Cuyo, actual Sarmiento 1251.

Cargos posteriores

Cuando finalizó su mandato presidencial, Domingo Faustino Sarmiento entregó el cargo de la presidencia de la República Argentina a Nicolás Avellaneda, en 1874. Pero en el año de 1875, asumió el cargo como senador nacional por su provincia, cargo que abandonó en 1879, para asumir por un corto período el cargo de ministro de Interior de Nicolás Avellaneda. Posteriormente ocupó el cargo de Superintendente de Escuelas durante, en el período de gobierno de Julio Argentino Roca, pero tuvo que renunciar por causa de diferencias sustanciales con Avellaneda y el propio Roca. En el año 1885, fundó en Buenos Aires, el diario El censor.

Durante la presidencia de Roca tuvo el cargo de Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación, era la época en que Sarmiento quería impulsar la educación popular, porque el índice de analfabetos era altísimo en la Argentina. En el campo existían muy pocas escuelas, debido a que la mayoría de los estancieros o hacendados no tenían ningún interés en que los peones y sus hijos dejaran de ser ignorantes, pues opinaban que cuanta menos educación tuvieran, más fácil sería explotarlos.

Pero Sarmiento quiso hacerles entender que una educación controlada por las ideas y los valores de los sectores dominantes, estaba muy lejos de poner en peligro sus intereses, por el contrario, los reproducoría y confirmaría. Por esa tazón decía que: «Para tener paz en la República Argentina, para que los montoneros no se levanten, para que no haya vagos, es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales… para eso necesitamos hacer de toda la república una escuela.»

De todas maneras, tuvo que hacer muchos esfuerzos para convencer a los poderosos de que les convenía la educación popular desde todo punto de vista, y por fin, en 1884, logró la sanción de su viejo proyecto de ley de educación gratuita, laica y obligatoria, que llevará el número de Ley 1420.

Una de sus últimas actuaciones públicas se señala que ocurrió en el año de 1885. a raóz de que el presidente Roca prohibió a los militares temer la posibilidad de emitir opiniones políticas. Sarmiento, que era militar por derecho propio, al haber participado en múltiples campañas, al verse impedido de poder expresar su pensamiento y no pudiendo contenerse, decidió pedir la baja del ejército, para así poder opinar libremente, a través de las páginas de su diario El Censor.

Fallecimiento

En el año de 1887 Domingo Faustino Sarmiento efectuó un viaje hasta Asunción del Paraguay. Regresó a Buenos Aires pero muy anciano y con una salud muy deteriorada por la sordera y una insuficiencia cardiovascular y bronquial, los médicos le indicaron que debía alejarse de Buenos Aires para que no sufriera el frío invierno de la ciudad. A comienzos de 1888 se embarcó con su hija Faustina y sus nietos para Asunción.

El 11 de septiembre de 1888 Sarmiento falleció en la capital de Paraguay, a los 77 años de edad y sus restos fueron trasladados y enterrados en el Cementerio de la Recoleta, situado en la ciudad de Buenos Aires diez días después. Como un gran tributo y frente a su tumba, Carlos Pellegrini resumió la opinión general este hombre: “Fue el cerebro más poderoso que haya producido la América”.

Poco tiempo antes había dejado por escrito una especie de testamento político en el cual expuso lo siguiente:

«Nacido en la pobreza, criado en la lucha por la existencia, más que mía de mi patria, endurecido a todas las fatigas, acometiendo todo lo que creí bueno, y coronada la perseverancia con el éxito, he recorrido todo lo que hay de civilizado en la tierra y toda la escala de los honores humanos, en la modesta proporción de mi país y de mi tiempo; he sido favorecido con la estimación de muchos de los grandes hombres de la Tierra; he escrito algo bueno entre mucho indiferente; y sin fortuna que nunca codicié, porque era bagaje pesado para la incesante pugna, espero una buena muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé y no deseé mejor que dejar por herencia millones en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas el territorio, como cubierto de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida, de que yo gocé sólo a hurtadillas».

Obras de Domingo Faustino Sarmiento

En este apartado nos referiremos a los diversos ámbitos  científicos, sociale syliterarios en los que Domingo Faustino Sarmiento jugó un papel fundamental.

Literatura

Domingo Faustino Sarmiento fue un fructífero escritor y se le considera como uno de los grandes de la prosa argentinos. El literato Ezequiel Martínez Estrada indicó que tuvo en Sarmiento una de sus fuentes de inspiración más definidas, y lo celebró al llamarlo el más grande prosista del habla hispana.

Miguel de Unamuno lo supuso, en referencia al siglo XIX, como el escritor en lengua castellana más hondamente castizo que se haya tenido en ese siglo.​

Pedro Henríquez Ureña puntualizó las dotes de Sarmiento como escritor diciendo: […] tenía el ímpetu romántico pleno, la energía de la imaginación y el apasionado torrente de palabras, junto con viva percepción de los hechos y rápido fluir de pensamiento. Pero con todos esos dones no se resignaba a quedarse en mero escritor; sólo pensaba en servir a su patria argentina, a Chile, a toda la América española[…].

Jorge Luis Borges, aún cuando señaló la existencia de incorrecciones en la prosa de Sarmiento, tuvo que reconocer el carácter «eficacísimo» de su prosa: No hay una de sus frases, examinada, que no sea corregible; cualquier hombre de letras puede señalar sus errores; las observaciones son lógicas, el texto original acaso no lo es; sin embargo ese incriminado texto es eficacísimo, aunque no sepamos por qué. La excelencia de la obra literaria de Sarmiento queda confirmada por su eficacia.

María Emma Carsuzán indicó que era una «prejuiciosa suposición» tratar de ver  incorrecciones en la prosa de Sarmiento, y que algunos críticos suelen invocar, al hacer énfasis en la abundancia de los galicismos y la ignorancia sobre los usos castizos, afirmando que: Ahora bien, si los errores invocados atentan contra el casticismo, para disipar esta prejuiciosa suposición, son valiosísimas las opiniones del hablista habanero Mantilla, que casi no hizo correcciones gramaticales en la edición de Facundo sometida a su revisión, y se sorprendió al encontrar locuciones anticuadas y bien castizas; de Rojas, que atribuye algunos descuidos gramaticales al azar de la improvisación, no a la ignorancia, pues en otras partes son evitados, y que lo compara con los grandes prosistas españoles: «Venial es el galicismo en Sarmiento»​

En palabras de Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo: Hay una teoría romántica del impromptu a la cual los métodos de la escritura de Sarmiento no son ajenos: el movimiento, aun desordenado, de la escritura reproduce en la superficie del texto el oleaje de la inspiración, la percepción violenta e instantánea de la verdad literaria que es, a la vez, verdad histórica.​

En la obra literaria de Sarmiento destacan:

  • Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas, 1845.

Facundo o Civilización y Barbarie, 1845; es una obra que trata sobe el caudillo riojano Facundo Quiroga y las discrepancias entre los federales y unitarios. Se trata de una descripción de la vida social y política del país que tiene trascendencias sociológicas e históricas, pues muestra en esta obra una explicación sociológica del país basada en el conflicto entre la «civilización» y la «barbarie», representadas respectivamente en los medios urbano y rural. Se trata de su principal obra y una de las más encumbradas en la literatura latinoamericana. Su primera traducción al inglés, la hizo Mary Mann, y apareció en el año 1868.​

  • Mi defensa, 1843.
  • Vida de Aldao, 1845.
  • Método gradual de enseñar a leer el castellano, 1845.
  • Viajes por África, Europa y América, 1849; Autobiográfica.
  • De la educación popular, 1849.
  • Argirópolis, 1850.

En este libro, que dedicó a Urquiza, expuso un proyecto para la creación de una confederación en la cuenca del Plata, integrada por las actuales Argentina, Uruguay y Paraguay, cuya capital estaría en la Isla Martín García. El modelo de organización que se adoptaría era el de la Constitución norteamericana y se proponía fomentar la inmigración, la agricultura y la inversión de capitales extranjeros.

  • Recuerdos de provincia, 1850; Autobiografía.
  • Campaña del Ejército Grande, 1852.
  • Las Ciento y Una, 1853; serie de epístolas dirigidas a Juan Bautista Alberdi.
  • Comentario a la Constitución de la Confederación Argentina, 1853.
  • Memoria sobre educación común, 1856.
  • El Chacho, 1865; sobre el caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza.
  • Las escuelas, bases de la prosperidad, 1866.
  • La infancia y educación de Abraham Lincoln, 1873.
  • Conflicto y armonías de las razas en América, 1884.

En esta obra desarrolla una perspectiva semejante a la que se observa en Facundo, pero observada desde el punto de vista étnico. Su primer tomo es de 1884 y el segundo, póstumo, que según su autor es «Facundo llegado a la vejez».

  • Vida de Dominguito, 1886; que trata sobre su hijo adoptivo, que murió en la Guerra de la Triple Alianza.

Ciencia

Domingo Faustino Sarmiento hizo una muy importante contribución al saber debido a los aportes que pudo hacer como generador del progreso científico y su acción y discurso decidido a favor de la enseñanza y fundación de instituciones científicas y culturales.

La labor de Sarmiento en la propagación de las ciencias occidentales, en un país limítrofe en el mundo de las ciencias como lo era la Argentina, fue la de fortalecer un régimen científico independiente, enriqueciéndolo con los aportes de la más moderna ciencia europea.

En el momento en que ocupó el cargo de ministro de Instrucción Pública de la provincia de Buenos Aires, arribó a la Argentina el científico Germán Burmeister. Cuando este fue director del Museo de Buenos Aires, y dando cumplimiento a una ley del año 1869, Sarmiento le encargó las gestiones para traer a veinte profesores europeos para que se encargaran de la enseñanza de ciencias exactas y naturales en la Universidad de Córdoba.

En la Argentina, las dos posiciones que en el entorno mundial se desafiaban en el campo de las ciencias naturales estaban representadas por las figuras de Florentino Ameghino, en el lugar del evolucionismo y por Burmeister, en el campo del creacionismo. Sarmiento, a pesar del hecho de que Burmeister fue un científico muy reconocido en Europa, no tuvo dudas en dar su apoyo a las ideas de Ameghino, del quien dijo en 1881: Un paisano de Mercedes, Florentino Ameghino, que nadie conoce y es el único sabio argentino, que reconoce la Europa. Gracias al apoyo de Sarmiento, Ameghino se convirtió en el primer científico argentino de talla internacional.

En el ejercicio de su gestión como representante argentino en los Estados Unidos, consiguió que el astrónomo Benjamin Apthorp Gould aceptara viajar a la Argentina para establecer un observatorio astronómico. Cuando Gould arribó a la Argentina, Sarmiento ya ostentaba el cargo de presidente y se había fundado el Observatorio Astronómico de Córdoba que llegó a tener en ese momento cierta relevancia internacional.

También gracias a la iniciativa de Sarmiento y Gould se deben el inicio de los estudios de meteorología en Argentina al crearse, en 1872, la Oficina Meteorológica Nacional que funcionó hasta 1884, en Córdoba y luego se trasladó a Buenos Aires.

Otra celebridad científica que debe su fama a Sarmiento fue Francisco Javier Muñiz, a quien siempre exaltó como figura médica y paleontólogo aficionado.

También gracias a una anécdota, aparentemente el fútbol le debe su desarrollo en la Argentina, pues se cuenta que, Alexander Hutton, que fue el padre fundador del fútbol argentino, y, en aquel momento, Rector del High School English, al solicitarle permiso a Sarmiento para enseñar el deporte de la pelota entre sus estudiantes (base del recordado Alumni), recibió esta respuesta: “Que aprendan, mi amigo, a las patadas pero que aprendan.”

Desde todas sus posiciones, Sarmiento propugnó la educación de la mujer, a la par que la del varón y sostuvo una fuerte amistad con Juana Manso, de quien llegó a pensar que fue la única persona en América Latina que pudo haber interpretado su plan de educación.

En una carta dirigida a ella, la felicitó por el restablecimiento de los Anales de la Educación, y también congratuló al gobierno argentino por esta decisión, aseverando también que la mujer, por su instinto maternal, era el ser adecuado para encargarse de la educación infantil.

Innovación sobre el aprendizaje de la lectura

Mientras duró su exilio en Chile, Sarmiento tomó parte activa en las actividades culturales y educativas. Una de sus ocupaciones se trató sobre crear un sistema de aprendizaje de lectura moderno, que no obligara al alumno a estudiar de memoria sílabas aisladas, como era la costumbre de aquel momento, sino que se utilizara un método con fundamento pedagógico y de forma progresiva.

Publicó por aquel entonces su Método de lectura gradual (1849), en Santiago de Chile. En éste insistía en que los silabarios anteriores habían malogrado los potenciales beneficios del método lancasteriano e incluyó consejos para «hacer más natural e intuitivo el aprendizaje», como es el caso de simplificar el nombre de las consonantes. Así, por ejemplo, de acuerdo al sistema de Sarmiento, la «m» se llamaba «me» en vez de «eme». Se dejaba entre los contenidos finales el uso de las que llamaba «letras inútiles o convencionales», como la «h» o la «u» puesta después de la «q», y el reemplazo de la «y» por la «i».

Respecto a esta teoría de la enseñamza temprana, en el año de 1842 mantuvo diversas controversias sobre las características de la lengua castellana en América. Influenciado de las ideas románticas, Sarmiento sostenía que el pueblo debía tener absoluta soberanía en materia de la lengua, y que los gramáticos eran “el partido retrógrado de la sociedad habladora”.

En nombre de los gramáticos respondió el venezolano Andrés Bello, respetado autor de una Gramática de la lengua castellana (1847), que aún hoy sigue siendo una obra de consulta. Bello era partidario de la idea de que la causa de degradación más importante del castellano era la introducción de palabras extranjeras, sobre todo francesas, y que sólo un cuerpo colegiado de sabios estaba autorizado para determinar las leyes y reglas del lenguaje correcto, que no era tarea del pueblo ni de “románticos licenciosos”.

Esta polémica, que se mantuvo vigente por dos meses, a través de diversos artículos publicados en la prensa chilena, pasó a la historia como la versión americana de las disputas intelectuales que en Europa habían sostenido clásicos y románticos, sobre aspectos relacionados con cuestiones de lengua y literatura.

En el año de 1843, Domingo Faustino Sarmiento elevó un proyecto de reformas ortográficas, que fue aprobado al año siguiente, a pesar de las acusaciones de “afrancesado” de que fue objeto. Ese mismo año, Domingo Godoy comenzó una campaña en contra de la labor periodística y cultural desplegada por Sarmiento, lo que movió a éste a escribir y publicar Mi Defensa, una obra de tinte autobiográfico.

En todo caso, sus ideas sobre las innovaciones que debían implementarse en la enseñanza temprana fueron recogidas nuevamente en su obra Civilización y Barbarie, en cuyo texto se siguen los conceptos de Sarmiento relacionados con la simplificación de la escritura, como por ejemplo, reemplazar la «y» por la «i».

Masonería

Domingo Faustino Sarmiento se unió a la masonería el 31 de julio de 1854, en el seno de la Logia Unión Fraternal de Valparaíso, Chile, cuando un grupo de intelectuales chilenos funda una logia denominada Unión Fraternal. En esa logia se inició Sarmiento junto a los también argentinos Manuel Moreno y Domingo Rodríguez Peña.

Al momento de regresar a Argentina, con el convencimiento de que la masonería era un espacio ideal para la perfectibilidad humana, continuó sus labores masónicas, fundando junto a otros catorce masones, el 29 de diciembre de 1855, la Logia Unión del Plata Nº 1, de la cual podemos destacar que entre sus miembros se encontraban Miguel Valencia, abogado y legislador; Ricardo Lavalle, Presidente de la Legislatura y de la Bolsa de Comercio; Santiago Rufino Albarracín, Ministro de Guerra y Marina; Federico Álvarez de Toledo Bedoya, estanciero y fundador de la Sociedad Rural y Carlos Casares, gobernador de Buenos Aires.

También contribuyó a la formación de las logias Confraternidad Argentina Nº 2; Consuelo del Infortunio N° 3; Tolerancia N° 4; Regeneración N° 5; Lealtad N° 6 y Constancia N° 7, dieron lugar a la fundación en 1857 del Gran Oriente Masónico para la República Argentina, presidido por el Dr. José Roque Pérez, en cuyo recinto, el 21 de julio de 1860, se realizó una tenida histórica, presidida por el Gran Maestre Dr. José Roque Pérez, participando en la misma el Presidente de la República Argentina, Santiago Derqui; el general Bartolomé Mitre; el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza y Domingo Faustino Sarmiento.

La actividad masónica de Sarmiento siguió teniendo gran preponderancia lo que le permitió seguir escalando posiciones, dentro de esa organización. Sarmiento recibió el grado 33º, el máximo escalafón del rito escocés antiguo. Tal dignidad se le concedió el 18 de julio de 1860, y el más alto cargo se lo entregó el Supremo Consejo Grado 33 para la República Argentina.

Con este cargo dentro de su bagaje, cuando en 1864 fue nombrado ministro embajador argentino ante los Estados Unidos, igualmente se le concedió la representación de la Masonería Argentina ante las Grandes Logias y Supremos Consejos del exterior, con facultades para poder celebrar tratados de amistad.

Esa acreditación le permitió a Sarmiento relacionarse con las grandes personalidades públicas masónicas, entre las que se destacaba el vicepresidente de Abraham Lincoln, quien luego de su asesinato, llegó a ser presidente norteamericano, el señor Andrew Johnson.

Sarmiento se tuvo que alejarse de las filas de la masonería en dos ocasiones. La primera vez que renunció fue cuando asumió el cargo de presidente de la República Argentina, en 1868. El propio Sarmiento lo confirmó así en uno de los discursos que dio, luego de asumir la presidencia de los argentinos, al priorizar el gobierno general, afirmando: “Un hombre público no lleva al gobierno sus propias y privadas convicciones para hacerlas ley y regla del Estado”.

Además, en una celebración masónica en 1868, declaró lo siguiente:

“Al manifestar mi profunda gratitud por el sentimiento que nos reúne aquí hoy día, para darme pública muestra de simpatías, me creo en el deber de expresar francamente mi respeto, mi adhesión a los vínculos que nos reúnen a todos en nuestra sociedad de hermanos.

Llamado por el voto de los pueblos a desempeñar la primera magistratura de una República, que es por mayoría de culto católico, necesito tranquilizar a los timoratos que ven en nuestra institución una amenaza a las creencias religiosas. Si la masonería ha sido instituida para destruir el culto católico, desde ahora declaro que yo no soy masón.

Declaro, además, que habiendo sido elevado a los más altos grados conjuntamente con mis hermanos los generales Mitre y Urquiza, por el voto unánime del Consejo de Venerables Hermanos, si tales designios se ocultan, aun a los más altos grados de la masonería, esta es la ocasión de manifestar que, o hemos sido engañados miserablemente, o no existen tales designios, ni tales propósitos. Y yo afirmo solemnemente, que no existen, porque no han podido existir, porque los desmiente la composición misma de esta grande y universal confraternidad.

Hechas estas manifestaciones, para que no se crea que disimulo mis creencias, tengo el deber de anunciar a mis hermanos, que de hoy en adelante, me considero desligado de toda práctica o sujeción a estas sociedades.

Llamado a desempeñar altas funciones públicas, ningún motivo personal ha de desviarme del cumplimiento de los deberes que me son impuestos; simple ciudadano, volveré un día a ayudaros en vuestras filantrópicas tareas, esperando desde ahora que por los beneficios hechos, habréis continuado conquistando la estimación pública; y por vuestra abstención de tomar como corporación parte de las cuestiones políticas o religiosas que concurrieren, logréis disipar las preocupaciones de los que por no conocer vuestros estatutos, no os consideran como el más firme apoyo de los buenos gobiernos, el más saludable ejemplo de la práctica de las virtudes cristianas, y los más caritativos amigos del que sufre”.

Posteriormente volvió a la actividad masónica en 1874, como lo demuestran las planchas que se encuentran en el Archivo del Histórico Recinto de la Masonería del Gran Oriente Masónico Argentino, en Capital Federal, donde se muestra su nombre.

El 18 de abril de 1882 se insertó en la Logia Obediencia de la Ley Nº 13. Durante ese mismo año ejerció como Gran Maestre de la Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones durante el período comprendido entre en año 1882 y el año 1885. El 12 de mayo aceptó su designación para el cargo, siendo acompañado por Leandro N. Alem, quien fuera luego fundador de la Unión Cívica de la Juventud, ocupando el cargo de Pro Gran Maestre.

Domingo Faustino Sarmiento renunció a tan importante cargo al año siguiente, el día 15 de septiembre de 1883, cuando fue remplazado por Alem. Esta segunda renuncia habría tenido lugar, según se justificó, por problemas de salud, o bien, según sostuvieron algunos, porque hubo desencuentros ideológicos al interior de la logia. Aunque si verdaderamente hubo conflicto, no se ha podido determinar cuál fue su naturaleza, ya que ha sido imposible descubrirlo, porque todo se mantuvo en secreto.

Una teoría apunta a que el conflicto pudo haber tenido relación con el apoyo de Sarmiento a la ley de educación universal, laica y gratuita.

En el momento en que Sarmiento accedió al cargo de Gran Maestre de la Masonería Argentina en el año de 1882, ejecutaba desde 1881 el cargo de Superintendente del Consejo Escolar, enzarzándose en grandes polémicas con otros miembros que se guiaban por la línea conservadora católica del entonces ministro de Instrucción Pública, Culto y Justicia, Manuel D. Pizarro.

Cuando fue destituido de forma arbitraria del referido cargo por el presidente Julio Argentino Roca, llegó a estar al frente de la redacción del diario El Nacional, desde el cual se embarcó en una doble y dura pelea contra el roquismo, por una parte, denunciando su maniobra de concentración de poder en sus manos y por la otra, en pro de la implementación de la educación común laica, en una posición contestataria constante contra el sector ultramontano militante que tenía su órgano de prensa combativa en el diario La Unión.

Su período de Gran Maestre debió haber perdurado hasta 1885, sin embargo, en setiembre de 1883 renunció al mismo. Su renuncia tuvo su origen en la contestación pública que Sarmiento dio al Presidente del Club Liberal, quien, por medio de la prensa, lo había convocado como Gran Maestre de la Masonería, a participar en la manifestación que se estaba preparando para el 16 de setiembre de 1883 en pro de la enseñanza laica, pidiéndole a su vez que oficiase de intermediario para que concurriesen a ella las logias que le estaban subordinadas.

En el invierno de 1888 se trasladó su residencia a un clima más cálido en el Paraguay, junto a Aurelia Vélez, la hija de Dalmacio Vélez Sarsfield, quien fuera el autor del Código Civil, dama ésta que fue su compañera durante los últimos años de su vida. En aquel país murió, el 11 de septiembre de 1888, rehusándose a recibir asistencia religiosa, y ordenando la no compareciera ningún sacerdote católico a su lecho postrero.

La masonería de ese país le rindió honores. Cuando sus restos fueron trasladados a la Argentina, sucedió exactamente lo mismo por parte de la masonería argentina.

Un hombre polémico

El autor de Las Ideas No Se Matan, escrito en La Zonda, Domingo Faustino Sarmiento es considerado por la historia como una de las figuras argentinas prominentes del siglo XIX, pero su persona no se encuentra exenta de polémicas.

Los numerosos escritos y artículos de los cuales fue autor a lo largo de más de cincuenta años, cuya última recopilación dio lugar a cincuenta y tres tomos y más de quince mil páginas, contienen algunos pasajes contradictorios y otros de notable violencia verbal, recurso muy empleado por sus contemporáneos.

Al mismo tiempo que pretendía dar su apoyo al desarrollo del país, se señala la crueldad de las tropas nacionales bajo sus órdenes, durante la represión de las rebeliones de los últimos caudillos, como fue el caso del asesinato del General Ángel Vicente Peñaloza, y las levas forzosas que sufrieron los gauchos para luchar contra los indígenas.

Asimismo, fue muy criticada su posición con relación a la Patagonia, al poner en tela de juicio la soberanía de la Argentina sobre dicha región.​

Pero, esta actitud no fue sostenida con posterioridad por el sanjuanino, ya que en una carta del 15 de febrero de 1881, un mes después de la entrada de las tropas chilenas a Lima, aconsejaba a Don José Manuel Balmaceda: “He debido esperar para contestarle, que el rumor de las batallas cese; que los actores cuenten todas las escenas del gran drama, para darle a Ud. mi opinión sobre la política que debe seguir Chile después de su grande victoria en el Pacífico: Negarse la entrada en el Atlántico y tener el coraje de no tener razón en Magallanes ni Patagonia, so pena de constituir un estado desde Tarapacá hasta Santa Cruz, con mil quinientas leguas de largo, sin ancho apreciable, tres repúblicas y dos mares a guardar.»​

También fue muy controvertida su posición respecto de los aborígenes,​ a los gauchos​ y a los judíos.​

Sobre los gauchos señala José Ignacio García Hamilton que la palabra “gaucho” en el siglo XIX tenía un significado distinto del actual. Cuando Sarmiento le dice a Mitre “no ahorre sangre de gauchos, es lo único que tienen de humano”, se está refiriendo a Urquiza, es decir, a un empresario y ganadero muy rico. Gaucho quería decir marginal, delincuente o, políticamente, intolerante. Por eso a Rosas y a Urquiza les decían gauchos en este último sentido, por tanto, se los calificaba como caudillos bárbaros, que no permitían el disenso.

En el caso de los aborígenes, se han puesto de manifiesto las múltiples facetas de la posición de Sarmiento ante los indígenas americanos y ha sido corregida, en la medida de lo posible, la opinión, bastante difundida entre los americanistas, de que sentía odio hacia los indios y deseaba su total exterminio.

De esta forma, se ha sostenido que Sarmiento tuvo “dos posiciones frente a los indios”, abarcándolos en dos grandes grupos, los que estaban en estado salvaje y los otros, que se habían asimilado a las ciudades, es decir, a la civilización. Mientras que a los primeros, que eran los que efectuaban las traiciones, los llamó “salvajes” u “hordas salvajes”; se dejó ver su sentida simpatía por aquellos que se habían integrado a la civilización.​

Se ha dicho que prueba de ello fue que Sarmiento, al mismo tiempo, demostró un interés etnográfico y arqueológico por el indio.​

El enemigo para Sarmiento no fue el indio americano, sino el pesado freno que dejó la colonización española, algunos de cuyos efectos produjeron elementos involuntarios, como fue el caso del indio sobreviviente y del mestizaje, con las marcas sociales que dejó en ellos la colonización.​

La difícil relación con los indios es un asunto que vino desde la época hispánica y que había perdurado durante la época patria y durante la organización nacional. Los traidores asolaban no solamente la frontera sino que de manera reiterada asolaban tanto a las áreas rurales como a los pueblos y en la época de la presidencia de Sarmiento, éste era uno de los principales temas de la opinión pública nacional.

En junio de 1870, el cacique mapuche Calfucurá reunió entre 3500 a 6000 guerreros y organizó un nueva gran incursión malón que atacó y arrasó Tres Arroyos, llegando hasta Bahía Blanca, lugar en el que mató a cincuenta criollos, se llevó a numerosas cautivas y se robó 80.000 cabezas de ganado.

En el año de 1872, Calfucurá nuevamente comandó un frente de 8000 lanzas y emprendió otro ataque con el cual saqueó los pueblos de Veinticinco de Mayo, Alvear y Nueve de Julio y dejó como consecuencia, un saldo de 300 civiles muertos, 500 cautivos y 150.000 a 200.000 cabezas de ganado robadas.

No le quedó más remedio a Sarmiento que ordenar organizar una expedición de desquite al mando del experimentado general Ignacio Rivas, a  la cual se sumó un relevante número de indios aliados como fue el caso de los borogas, pampas y ranqueles del cacique Catriel. Esta fuerza combinada del ejército argentino e indígena venció a Calfucurá en la Batalla de San Carlos de Bolívar, el 11 de marzo de 1872.

En 1873, cuando falleció el cacique Calfucurá, el gobierno tomó ventaja de la situación y venció nuevamente a sus guerreros, capturando Atreucó, uno de los más relevantes campamentos del fallecido cacique. Sólo durante la presidencia de su sucesor, Nicolás Avellaneda, la problemática de la cuestión del indio terminaría con la Conquista del Desierto, que fue llevada a cabo por el general Julio Argentino Roca.

Homenajes

Son muchos los que se han hecho, pero haremos mención de los más relevantes

Día del Maestro

En el año de 1943, en el curso de la primera Conferencia Interamericana de Educación, que tuvo lugar en Panamá, se estableció como Día Panamericano del Maestro en las Américas el 11 de septiembre, en homenaje al fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento declarando que:

“Considerando: que es actividad fundamental de la Escuela la educación de los sentimientos, por cuyo motivo no debe olvidarse que entre ellos figura en primer plano la gratitud y devoción debidas al maestro de la escuela primaria, que su abnegación y sacrificio guía los primeros pasos de nuestras generaciones y orienta el porvenir espiritual y cultural de nuestros pueblos; que ninguna fecha ha de ser más oportuna para celebrar el día del maestro que el 11 de septiembre, día que pasó a la inmortalidad, el año 1888, el prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento.”

Museos

Actualmente existen tres museos dedicados a la figura de Sarmiento, dos de los cuales en su momento le sirvieron como residencias:

  • Su Casa Natal en la Ciudad de San Juan, levantada con el trabajo de su madre. Esta construcción fue usada por Sarmiento como residencia y casa de gobierno durante su gestión como gobernador.
  • La Casa Museo Sarmiento, ubicada en la sección de islas de Tigre, en la provincia de Buenos Aires, situada sobre el Río Sarmiento, actualmente funciona como museo y biblioteca. Originalmente fue usada como casa de recreo. Sarmiento fue uno de los primeros en adquirir un terreno en el sector isleño, en el año de 1855; así como uno de los principales impulsores de su colonización, escribiendo numerosos artículos en los que propugnaba las ventajas y posibilidades de explotar esa zona, que fueron recogidos póstumamente en su libro El Carapachay, como era llamada la región de islas, nombre guaraní que hoy lleva uno de sus ríos.
  • El Museo Histórico Sarmiento, que se encuentra ubicado en el barrio porteño de Belgrano, en un edificio que funcionó temporalmente como sede del gobierno nacional, antes de que fuere declarada Capital Federal. En este museo se guarda la colección de objetos más relevante dedicada al prócer, entre ellos, el célebre retrato que le hizo su nieta Eugenia Belín.
  • La última casa que tuvo Sarmiento en Buenos Aires, en la que vivió entre los años 1875 y 1888, y que es actualmente sede de la Casa de la Provincia de San Juan, por lo que, a pesar de no ser un espacio dedicado especialmente a este prócer, permanece abierta al público general que la desee visitar.

Monumento funerario

En los primeros años del siglo XX se construyó sobre la tumba de Domingo Faustino Sarmiento, que se encuentra ubicada en el Cementerio de la Recoleta, en la ciudad de Buenos Aires, un monumento funerario en su honor.

El diario La Nación, en su edición del 19 de junio de 1900, titulaba: Monumento a Sarmiento. Nombramiento de la comisión ejecutiva y publicó lo siguiente:

En la reunión celebrada ayer por los iniciadores de la erección del monumento a Sarmiento, en la tumba que guarda sus restos en el cementerio Norte, quedó definitivamente constituida la comisión ejecutiva de los trabajos a realizarse para dar práctica a la iniciativa. Hoy se organizarán las comisiones provinciales y mañana se darán a publicidad. La comisión ejecutiva ha quedado compuesta de la siguiente manera: presidentes honorarios: teniente general Bartolomé Mitre, Dr. Carlos Tejedor, señor José Posse, Dr. Mariano Varela, presidente: Rafael A. Cobo, vice presidente: Eustaquio Díaz Velez, vice presidente 2° general Manuel Campos.​

Monumentos

Son varios los monumentos se han levantado en honor a Domingo Faustino Sarmiento, no sólo en la Argentina, sino también en el exterior. Entre ellos, hay que destacar el Monumento a Sarmiento, situado en el Parque Tres de Febrero, en Buenos Aires, con una estatua en bronce realizada por el célebre escultor francés Auguste Rodin y el conocido altorrelieve Ofrenda floral a Sarmiento, obra del francés Émile Peynot, en El Rosedal de Buenos Aires.

  • Monumento en el Parque Tres de Febrero, Buenos Aires, de Auguste Rodin, inaugurado para el Centenario Argentino
  • Monumento en su ciudad natal, San Juan
  • Busto en el pueblo de Lucio Vicente López, Argentina
  • Monumento en la ciudad de Lima, Perú, que fue donado por la ciudad de Buenos Aires
  • Monumento en la ciudad de Boston, Estados Unidos
  • Monumento en la ciudad de Tigre, Argentina
  • Busto en la localidad de Villa San Agustín, en Valle Fértil, San Juan, Argentina
  • Retrato esculpido en la Sierra de Marquesado, en San Juan
  • Monumento a Sarmiento en Caucete, San Juan

Papel moneda

Un especial reconocimiento a Sarmiento, hecho por parte del estado argentino es la colocación de su imagen en los billetes de 100 australes, que estuvieron en curso legal entre los años 1985 y 1992; y el de 50 pesos de curso legal actual. En 2014 se creó un billete que contiene la figura del gaucho Rivero y las islas Malvinas del mismo valor, y en 2018 se creó otro con la figura del cóndor andino de la serie «Animales autóctonos de Argentina» que coexisten con el billete que tiene la imagen de Sarmiento de la misma denominación.​

Himnos

Se han conocido dos himnos compuestos en honor a Domingo Faustino Sarmiento. El primero fue obra de Segundino Navarro, con música de Francisco Colecchia, mientras que el segundo fue obra de Leopoldo Corretjer. El creado por Navarro es entonado en la provincia de San Juan, mientras que el de Corretjer es oído en el resto del país.​

Sin embargo, se tienen antecedente de que en una ceremonia realizada en Barracas a, mediados de 1900, unos 1200 alumnos de las 11 escuelas del Distrito 8º de la Ciudad de Buenos Aires, dirigido por Benito Carrasco, se efectuó el primer homenaje infantil a Sarmiento, en el cual se ejecutó un himno en su honor, que fue compuesto por un profesor de música apellidado Rolón y con letra de B. V. Charras.

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